La ubicación es inmejorable, a tan solo unos minutos caminando del centro histórico. Además, utilizamos el servicio de lavandería, recibiendo las prendas en el mismo día, en perfecto estado y por un precio muy bajo. Por último, muy buen desayuno, tanto el que tomamos allí nuestra primera noche, como el que nos prepararon para llevar el último día.
Lo que menos nos gustó fue que las paredes parecían de papel, se escuchaba bastante el movimiento del resto de huéspedes. Por suerte, es un hotel pequeño en el que no hay demasiado tránsito. Sí molestaba algo más el pub de enfrente, sobre todo para dormir la noche del sábado.
Tampoco nos gustó encontrarnos en la habitación con un listado de precios de los artículos de la habitación, bien por si los queríamos comprar, bien por si rompíamos o sustraíamos algo. Primero, se debe confiar en el cliente. Ya será momento de hablar de multas si alguno las merece.
Pese a esos dos puntos, muy buena experiencia en este alojamiento. No tendríamos reparo en repetir.