La habitación fue un acierto total: impecable y con un aislamiento acústico admirable, ya que no se filtraba el ruido exterior ni de la obra lindante. Sin embargo, la experiencia se vio empañada por la actitud de Andrés (o Alejandro) durante el desayuno. Me negó una mesa de cuatro pese a que el salón estaba prácticamente vacío, para luego permitir que otros grupos se sentaran sin problemas. Un gesto rígido y desconsiderado que contrastó fuertemente con la amabilidad del resto del personal, que fue excelente.
Por otro lado, la política de la administración deja que desear: priorizan el cobro del early check-in por sobre la hospitalidad, incluso si la habitación ya está disponible para el descanso del huésped. Finalmente, una advertencia para navegantes: eviten los taxis del hotel. Cuestan cuatro veces más que un Uber Comfort; un exceso difícil de justificar.
Parece que las mesas de cuatro en el desayuno son patrimonio protegido de la humanidad, porque Andrés (o Alejandro) las custodiaba con más celo que un guardia del Palacio Real. En cuanto a los taxis que ofrecen... sospecho que por ese precio el vehículo debería ser, como mínimo, un Transformer.