Reservé esta habitación porque se anunciaba como de 12 m². En Tokio uno ya sabe que el espacio es limitado, pero aquí estamos frente a algo casi conceptual: la habitación existe… pero no necesariamente para el uso humano en su totalidad. El espacio útil real —donde uno puede moverse sin desarrollar nuevas habilidades físicas— no supera los 7–8 m². El resto, al parecer, está distribuido estratégicamente en el grosor de las paredes.
Y aquí viene lo mejor: la explicación oficial del hotel. Según ellos, los 12 m² son completamente correctos… siempre que uno incluya las paredes en el cálculo. Es decir, parte importante de la experiencia consiste en imaginar que uno también habita dentro del muro. Una propuesta innovadora: alojamiento + fantasía arquitectónica. El problema es simple: lo que se ofrece no coincide con lo que se vive. Y cuando uno viaja, suele preferir metros cuadrados reales por sobre metros cuadrados imaginarios. La experiencia en recepción tampoco ayudó a elevar el estándar: al plantear esta diferencia, la reacción fue una risa. Siempre es interesante descubrir que, además de hospedaje, el hotel ofrece entretenimiento espontáneo. Por su parte, Hoteles.com respondió de forma igualmente tranquilizadora: aceptaron la explicación del hotel sin mayor cuestionamiento. Es reconfortante saber que, frente a una discrepancia evidente, el rol de intermediario puede ser tan liviano como el de espectador. si ven 12 m², recuerden preguntar cuántos de esos son para esta realidad